3ª parte
De lo contrario lo único que conseguiré es, salir de una depresión para entrar en una obsesión …¡lo que me faltaba!.Empecemos por describir a Silvano: Aparenta unos cincuenta años, moreno, de aspecto pulcro, movimientos ágiles, aire resuelto, talla mediana y bien proporcionado, vestido con americana gris, camisa abierta, pantalones azul oscuro -curiosamente siempre le he visto con la misma ropa- zapatos negros, y un portafolios pequeño y marrón en su mano izquierda.
Puede pasar desapercibido entre esa legión de seres anónimos que pueblan nuestro entorno, pero hay algo en su actitud que le hace diferente. A poco observador que uno sea, es fácil percatarse de una cierta fuerza interior que emana de él, algo que nos da confianza y calma, nos hace ser más reflexivos de nuestro mundo interior y nos enseña a valorar aquello por lo que merece la pena vivir y que tan frecuentemente pasamos a un segundo plano, dejándonos llevar por cosas cuyo control escapa a nuestras manos y solo nos aportan agobio y desesperanza.
Su aparición en mi vida es beneficiosa, me está haciendo ser más consciente de mí mismo, más lúcido. Me está sirviendo para equilibrar mi mundo interior. Sí, ese hombre existe, su realidad física es innegable, ¡Silvano, no!, él es el personaje que yo he proyectado sobre un ser de carne y hueso con el que casualmente (?) coincidí en diferentes momentos. Mi inconsciente buscaba una fórmula para salir del atolladero en que me hallaba y Silvano ha sido su instrumento, la cura que precisaba.
Ayer volví a encontrarle en el andén de la estación, me acerqué, le miré detenidamente esbozando una leve sonrisa y le tendí mi mano; me observó con fijeza unos momentos y sin devolverme el saludo cambió de dirección y se alejó entre la gente. Ahora, sé que no volveré a verle.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario