lunes, 1 de junio de 2009

EL

2ª parte
Aún no sé a quién pueden ir dirigidas estas líneas, pero, estoy seguro que tendrán un destinatario capaz de entenderlas y darme la razón. Veamos, sin más preámbulo, de que se trata: Os voy a hablar de un individuo que se ha cruzado en mi vida desde hace un par de meses aproximadamente y los acontecimientos que han ido sucediendo desde ese encuentro.. Empezaré por decir su nombre: “Silvano”, ¡suena un poco extraño, ciertamente!, la verdad es que tal nombre se lo he puesto yo, ¡tenía que identificarle de algún modo y no se me ocurrió otro mejor!
Me suelo encontrar con él en los sitios más extraños: al cruzar la puerta de un supermercado, a la entrada de un autobús, en cualquier andén de una estación, paseando por un parque, etc.
Lo verdaderamente curioso es que todavía no me ha dirigido la palabra, -ni yo a él, por supuesto- lo que sí hace es mirarme de un modo fugaz, casi imperceptible, aunque que tengo la sensación que lee mis pensamientos y mis estados de ánimo. Aparece cuando me encuentro más triste y deprimido, en esos momentos que uno habla consigo mismo intentando animarse -la mayoría de las veces sin conseguirlo- y lo único que desea es que acabe el día lo antes posible.
Debo confesar que mi vida, últimamente, no caminaba por sendero seguro, he ido perdiendo la confianza en mí mismo, dejando de ser aquel hombre confiado, seguro de sí, que no se amedrentaba fácilmente y sabia capear cualquier temporal con pulso firme. De él va quedando poco. Una de las cosas que más confianza me daba era “cultivar mi vocación”.
Había conseguido, no sin esfuerzo, y a una edad que frisaba la cuarentena convertir esa vocación en un “modus vivendi”, con cierta holgura económica, Al fallarme, -las razones de esa crisis son demasiado complejas para relatarlas aquí- me empecé a venir abajo..
Es posible que se trate únicamente un trance pasajero, pero, todos sabemos que las buenas rachas no vuelven fácilmente. Esta etapa duraba ya más de un año y no veía un horizonte prometedor por ningún lado. Disculpadme, si me he apartado un poco del personaje que ha motivado éste relato, pero, nunca está de más ofrecer al lector algunos datos que sirvan para centrar su atención todo lo posible.
Nunca me he considerado un hombre fantasioso, ni proclive a imaginar cosas irreales, pero, la aparición de “Silvano” me ha sumido en la incertidumbre que, unida a al bajo estado de ánimo en que estoy, me da que pensar…. si no se tratará de una fantasía surgida de un cierto desequilibrio psíquico. No creáis que no me lo repito constantemente: “… ¿a ver si todo eso del hombre misterioso no será un montaje de tu mente calenturienta?”. Estoy convencido de que no hay tal falsedad, las evidencias son demasiado constantes.
En dos ocasiones que no iba solo, lo vimos, e hice notar su presencia a mi acompañante. Queda, pues, descartada la posibilidad de una “visión imaginaria”. Después de encontrarme con él me ocurre algo curioso y desconcertante: cambio la dirección del lugar hacia donde me había propuesto ir y me encamino a otro muy distinto y al que en esos momentos no había pensado acudir.
¿Por qué me sucede esto?.¿Qué extraño poder ejerce sobre mí?. ¿Cuáles son sus intenciones?.
Evidentemente, no me resultaría difícil acercarme a él e indagar sobre esos “casuales” encuentros, pero, francamente ¡no lo haré!. Por ahora, lo único que pienso hacer es esperar a que nuevos sucesos vayan aclarando la situación.
Mis visiones de Silvano se han ido espaciando últimamente y, aunque parezca extraño empiezo a echarle de menos. Lo cierto es que tras sus encuentros y los cambios de dirección en mis recorridos -éstos nunca fueron para nada importante- comencé a sentirme algo mejor de ánimo.
Aunque mi rutina vital no ha cambiado, empiezo a estar menos agobiado, sin esa amargura permanente que me ha perseguido como una sombra y con un tono vital más elevado. ¿Cómo debo razonar el hecho de que tales encuentros con “el misterioso Silvano” del que, repito, nunca he recibido ni una palabra, estén modificando mi moral?. Creo que debo reflexionar con la mayor lucidez el hecho que acaece, e intentar llegar a una explicación lógica.

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