1ª parte
Aún no sé a quién pueden ir dirigidas estas líneas, pero, estoy seguro que tendrán un destinatario capaz de comprenderlas y darme la razón. Veamos, sin más preámbulo de qué se trata:
Os voy a hablar de un individuo que se ha cruzado en mi vida desde hace un par de meses aproximadamente y los acontecimientos que se han ido produciendo desde ese encuentro. Empezaré por decir su nombre: “Silvano”, ¡suena un poco extraño, ciertamente!, la verdad es que tal nombre se lo he puesto yo, ¡tenía que identificarle de algún modo y no se me ocurrió otro mejor!. Me suelo encontrar con él en los sitios más extraños: al cruzar la puerta de un supermercado, en la parada de un autobús, en el andén de algunas estaciones, paseando por un parque, etc.
Lo verdaderamente curioso es que todavía no me ha dirigido la palabra -ni yo a él, por supuesto- lo que si hace es mirarme de un modo fugaz, casi imperceptible, aunque tengo la sensación de que lee mis pensamientos, mis estados anímicos. Aparece cuando me encuentro deprimido y triste; en esos momentos que uno habla consigo mismo intentando animarse -la mayoría de las veces sin conseguirlo- y lo único que desea es que acabe el día lo antes posible.
Debo confesar que mi vida, últimamente, no ha caminado por sendero seguro, he ido perdiendo la confianza en mi mismo
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